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Notas de recuerdos y zumbidos de abejas

Notas de recuerdos y zumbidos de abejas

Los abejorros son excelentes trabajadores, que mantienen incansablemente sus nidos mientras polinizan plantas y flores. Una parte importante estudio de la Universidad Queen Mary de Londres descubrió que estos insectos sociales hacen algo más que trabajar todo el día. También se toman tiempo para jugar.

Los investigadores observaron a los abejorros participando en alegres juegos de persecución, dando volteretas por el aire en alegres bucles. Este notable hallazgo pone de relieve que los insectos y los humanos comparten la necesidad de jugar entre el trabajo duro y sugiere que la capacidad de encontrar momentos de alegría y risa podría ser más fundamental para la vida de lo que pensábamos.

Mis padres, que ahora tienen 83 y 78 años, se han pasado la vida cultivando la tierra. Décadas de trabajar con cultivos y ganado les han dejado las manos callosas y la espalda encorvada, pero su amor mutuo y el de nuestra familia siguen siendo fuertes.

Todos los fines de semana, la música y las risas llenaban nuestra casa mientras crecíamos. Mamá se sentaba al viejo piano vertical, sus dedos se movían hábilmente por las teclas mientras tocaba alegres melodías. Papá estaba a su lado, con su rica voz de barítono que se fundía en armonía mientras cantaba melodías eternas. Estos momentos de música y unión alegraron nuestras vidas y se convirtieron en recuerdos inolvidables.

Pero la vida tiene sus retos. Cuando los tiempos se pusieron difíciles a los 30 años, mis padres decidieron vender el piano para llegar a fin de mes. La música dejó de sonar, pero su amor siguió siendo una fuerza constante.

Si avanzamos hasta hoy, la edad ha pasado factura. La memoria de papá, antes aguda, ha empezado a desvanecerse a medida que la demencia nubla gradualmente sus pensamientos. Mamá soporta el peso de cuidar de él, y puedo ver que es duro para ella ver cómo el hombre al que ama se le escapa día a día.

Hace unas semanas, mamá me llamó para decirme que había encontrado un piano usado en venta. Para mi total sorpresa, quería comprarlo para sorprender a papá y reavivar sus recuerdos musicales, pero necesitaba ayuda para llevárselo a casa. Como vivo al otro lado del país, no podía estar allí para ayudarla a trasladarlo. Lamentablemente, a pesar de sus esfuerzos, mamá tuvo que dejar escapar esta oportunidad.

Pero a veces, el destino interviene. Poco después, asistí a una conferencia a poca distancia en coche de casa de mis padres. Mientras visitaba nuestra oficina local, me enteré por un colega de que él y su mujer querían regalar su piano para hacer sitio a su futuro bebé. Llena de esperanza, organicé la entrega del piano en casa de mis padres. Al principio, la tarea parecía imposible, con un piano de 700 libras, 80 kilómetros de sinuosas carreteras rurales y una previsión meteorológica que amenazaba lluvia. Pero cuando conté la historia de mis padres a la empresa local de mudanzas de pianos, accedieron a reorganizar su agenda para ayudar, negándose a aceptar un no por respuesta.

El día de la entrega, me dirigí a casa de mis padres con mi colega. Luego, con la ayuda de los transportistas de pianos, metimos cuidadosamente el piano en el salón y lo colocamos en el mismo lugar donde estaba el viejo piano vertical de mamá. La sorpresa y el asombro de mis padres se convirtieron rápidamente en lágrimas de alegría, cuando los recuerdos se agolparon en su memoria.

Aquel fin de semana fue como retroceder en el tiempo. Papá cantaba cada letra de memoria, sus ojos brillaban con renovada claridad, su voz era tan fuerte y afinada como siempre. Los dedos de mamá se movían grácilmente por las teclas como si hubieran pasado los años. Una vez más, la casa se llenó de las melodías que dieron forma a nuestra familia.

Aunque tuve que volver a casa, unas semanas después me llamó mamá, con una voz llena de una felicidad que hacía años que no oía. Ella y papá habían estado ensayando juntos todos los días, preparándose para una actuación especial en el centro local de la tercera edad.

"Es como si hubiéramos retrocedido 50 años", dijo con nostalgia. "Durante unas horas dichosas cada día, tu padre y yo volvemos a ser jóvenes, perdidos en nuestro amor por la música, encontrando momentos de alegría juntos".

Mis padres han redescubierto una fuente de alegría que les llevará a través de los retos que les esperan, nota a nota preciosa. Son estos destellos de alegría y juego los que nos sostienen a través de las luchas de la vida. Una verdad atemporal que conecta a los abejorros y a los seres humanos de una forma hermosa.

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